2. CALZONUDOS, de Francisco González Díaz, 1927

 

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Fotografía extraída de pinterest: https://pin.it/27NnG8QpA

 

La moda, esa linda estupidez que, alguna vez, todos seguimos.
Dice nuestro diccionario en su segunda acepción sobre este término, lo siguiente:
«Gusto colectivo y cambiante en lo relativo a prendas de vestir y complementos».
Y tan colectivo y tan cambiante. Por suerte, uno puede decidir ir a su moda, a su estilo, utilizar su gusto personal y olvidar casi por completo las engorrosas modas. Hay veces que es algo imposible, por ejemplo: ¿quién de ustedes puede darse el lujo de NO utilizar o llevar un móvil?. Muy pocos, probablemente.

Entrando ya en materia literaria, en esta entrada, quería compartir un poema festivo, así lo llama la revista que lo publica, sobre una moda ridícula masculina que comenzó  en los años 20 y 30 del siglo XX, que tuvo una continuación en los estrafalarios años 70 y que, creo, sigue haciendo sus pinitos en la actualidad. Me refiero a aquellos pantalones de hombre con unos bajos excesivamente anchos. Moda inglesa. A estos pantalones se les denominaba «Oxford bags» y algunos parecían casi una falda (no hay nada nuevo bajo el sol).
Pues, con fino humor, Francisco González Díaz, dedica un poema titulado, «Calzonudos», a esta curiosa moda «pantalonil». En el índice de escritores, podrán conocer algo más sobre este autor.

Una breve nota, antes del poema, dice lo siguiente:

«El galano escritor González Díaz que tanto ha enaltecido con su talento y su prosa castiza a las letras canarias, cultiva en ocasiones con ingenio la poesía festiva, y pone en sus versos, la sabrosa pimienta de la ironía; ved una muestra que se refiere a los pantalones de moda».

Respeto la ortografía y puntuación original. Sin más dilación, he aquí su divertido poema:

 

«CALZONUDOS

Esos lindos muchachos calzonudos
al caminar se pisan los calzones;
por tener demasiados pantalones
los pies ocultan, si no son patudos…

¡Más les valiera ir semi desnudos!
exhibiendo una prenda de payaso
que antes solo en el circo se veía,
van satisfechos porque están «al día»,
con calzón luengo y con dinero escaso…
¡En rigor de verdad, este es el caso!

Tela les sobra; ¿Qué es lo que les falta?
Parecen rebajados de estatura
por vestir pantalón de tanta anchura…
Su sastre, diestro,  no los dá de alta…
¡No los estira, pero los exalta!

No diré a los calzones, sino a ellos,
a los que se los visten y los lucen;
los gastan tan holgados que producen
excesiva impresión, siendo tan bellos…
¡Los calzones, entiéndase, y no aquellos!

Inconvenientes de observar las modas
que imponen la ley y exigen obediencia:
seguirlas es asunto de conciencia,
sin excepción ninguna, ¡todas, todas!
Para entierros igual que para bodas…

Pero dígame usted,  joven que lleva
tan bien cubiertas las extremidades,
¿en este tiempo de calamidades
resisten sus calzones cualquier prueba?
¿Cómo se los recoje, cuando llueva?

Francisco González Díaz. Teror».

 

1/1/1927, Extraído de una Revista argentina.


Fuente: Archivo de la Hemeroteca de El Museo Canario, Las Palmas de Gran Canaria.

 

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